Obras al vapor: el costo de la mala planeación
- CV Noticias
- 10 sept 2025
- 2 Min. de lectura
Los ciudadanos no podemos seguir conformándonos ni ser testigos callados de obras de mala calidad, hechas al vapor y que distan mucho de los proyectos que en papel lucen impecables. La mala planeación y la deficiente ejecución provocan que constantemente tengamos que vivir con calles y bulevares parchados, en lugar de disfrutar de infraestructura duradera como merecemos.

De por sí, los huastecos cargamos sobre los hombros el estigma de ser considerados potosinos de segunda. Y obras que deberían ser de primera calidad terminan siendo trabajos mal hechos, que en poco tiempo se desgastan y exigen nuevas inversiones que vuelven a salir del bolsillo ciudadano.
Habrá que recordar que antaño se cuidaba, al menos en mayor medida, que las obras cumplieran con las especificaciones técnicas correctas y garantizaran su uso por muchas décadas. El ejemplo más claro es el bulevar construido durante la administración de Antonio Esper, cuyo tramo desde el Puente Negro hasta la Glorieta Hidalgo permaneció prácticamente intacto por más de 60 años y apenas hoy está siendo rehabilitado. En contraste, del tramo que va de la Glorieta al Puente de la Lagartija, lo que observamos es un panorama de abandono, baches y un pavimento totalmente deteriorado.
El problema no es que se hagan reparaciones, sino cómo se hacen y cuándo se hacen. Resulta indignante que muchas de estas intervenciones se realicen al vapor y justo en vísperas de la visita de altos mandatarios, con la clara intención de maquillar la realidad. Mientras tanto, la ciudadanía debe soportar un colapso vial durante todo el día, como ocurrió recientemente, sin que se garantice que esas obras tendrán calidad y durabilidad.
No se trata de criticar por criticar. Es un llamado urgente a la conciencia: los paliativos no resuelven nada. Basta ver lo que hoy ocurre con el drenaje de la ciudad, completamente colapsado por la falta de mantenimiento a lo largo de los años. Lo mismo podría pasar —y en parte ya pasa— con nuestras vialidades.
Las autoridades deben entender que gobernar no es improvisar ni maquillar; es planear con visión de futuro, con transparencia y con un verdadero compromiso con la ciudadanía. Porque mientras se sigan administrando parches, los problemas de fondo nunca tendrán solución.
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